
El poder es la capacidad o habilidad de un individuo para dirigir o influir en el comportamiento de los demás o en el curso de los acontecimientos.
Cuando alguien está en una posición de poder, tiene mayor capacidad para dirigir o influir y, cuando abusa de su poder, los demás resultan perjudicados, maltratados, explotados y/o acosados.
A la hora de pensar en la relación entre poder, daño y abuso, resulta útil considerar el poder de tres formas distintas: visible, oculto o invisible (Hunjan y Pettit, 2011).
Poder visible
El poder es a veces visible, conocido o fácilmente observado. No tiene por qué ser necesariamente negativo, ya que puede traer cambios positivos. Alguien tiene una posición de poder sobre otra persona al controlarla u obligarla a hacer algo que de otro modo no haría. Quienes ocupan estos cargos tienen mucha influencia sobre los demás a la hora de tomar decisiones. Este tipo de poder se puede ejercer de varias formas, como la amenaza de violencia, la provisión o la retirada de dinero o recursos.
Por ejemplo, tú y el personal y los representantes de tu organización tienen un poder visible. Tienen poder para tomar decisiones, tienen acceso a recursos y pueden prestar servicios o apoyar a los beneficiarios/clientes. Este poder visible se puede utilizar indebidamente si por ejemplo, el trabajador coacciona a un beneficiario para que intercambie sexo por bienes, servicios o ayudas que ya le corresponden por derecho.
Poder oculto
A veces el poder está oculto o es menos fácil de observar. Se habla de poder oculto cuando se ponen barreras para impedir que los demás participen en los procesos de toma de decisiones y se limitan sus opciones. El poder oculto puede observarse cuando las voces y experiencias de determinados individuos o grupos sociales no se escuchan o no se toman en serio, o se les niega la oportunidad de hablar. Por ejemplo, personal directivo que impide a su personal plantear sus preocupaciones o quejas y, si se plantean, las ignora por completo.
Poder invisible
El poder también puede ser invisible en el sentido de algunas de las ideas que configuran inconscientemente nuestra manera de estar en el mundo y de entenderlo. Este tipo de poder puede llevarnos a aceptar inconscientemente que cierto tipo de comportamientos, creencias o actitudes son normales o naturales, aun cuando pueden ser perjudiciales para los demás (Hunjan y Pettit, 2011). Por ejemplo, un colaborador que piensa que no hay igualdad entre hombres y mujeres y, por tanto, impide que las mujeres accedan a ayudas y recursos.