Rosa Montserrat Olaria Pérez
En mi aula cuento con un alumno que posee muy poca tolerancia a la frustración, fácilmente llora como respuesta a situaciones que rompen con su equilibrio, lo toman por sorpresa por no ser predecibles y muestra una madurez inferior a la de su edad, en aquellas respuestas emocionales que da ante los estímulos que se le presentan. Su familia no ha querido concientizar la situación que tiene el menor y lo consienten en extremo, permitiéndole faltar cuando así lo desea, lo que se traduce en crisis a su regreso al aula, por encontrarse con trabajos que no hizo y que mentalmente lo sobresaturan al creer que no alcanzará a ponerse al corriente.
Para él sugiero:
· Tenerlo muy cerca del docente, para que éste observe lo que le está ocurriendo al interior y darle contención en caso de requerirla.
· Reforzarlo positivamente ante cualquier logro.
· Apoyarlo trabajando con el docente, como si este fuera su par, para ir contribuyendo a que logre desarrollar las habilidades que le permitirán transitar entre el docente y un compañero del aula.
· Entender que sus respuestas verbales con “tono aniñado” o sus respuestas emocionales inmaduras, forman parte de alguna discapacidad que no podemos saber de cuál se trate, porque su papá no ha querido cumplir con lo que la psicóloga, a la que acude, le ha pedido.
· Prever, como docentes, cualquier situación que le resulte impredecible y que lo meta en crisis, mismas que lo llevan a desbordamientos.
· Este menor tiene áreas de fortaleza sobre las que hay que apoyarnos como docentes, para desde ese lugar, contribuir a que desarrolle otras que se encuentren en proceso de madurar.

