3.2 ¿Qué es un sistema?

Un sistema es un conjunto interrelacionado de elementos que interactúan entre sí y cambian como reacción ante distintas intervenciones. Una sociedad, al igual que una economía, es un sistema.
La complejidad es un aspecto determinante de los sistemas humanos. La gran cantidad de relaciones que tienen lugar en un sistema humano implica que el cambio no puede reducirse a una simple cuestión de causa y efecto. Saber un poco más sobre los sistemas que nos rodean, y sobre la visión e interacción de las demás personas con esos mismos sistemas, puede ayudarnos a comprender el mundo un poco mejor y a pensar de forma distinta sobre cómo cambiarlo. Es importante reconocer que, si influimos en una parte del sistema o la modificamos, es probable que esto afecte también —directa o indirectamente— a otra.
¿Cómo cambian los sistemas?
Como vimos en las primeras dos unidades del curso, el modo en que las sociedades o las economías se transforman suele ser una combinación de oleadas de cambio generalizadas (como el envejecimiento de la población en gran parte de Europa, Asia Oriental y Norteamérica; el aumento de la población joven en gran parte de África; la urbanización de la mayoría de las regiones del mundo; el avance de las tecnologías digitales; la disminución de la confianza ciudadana en la política formal y las instituciones en general, o la mejora en conjunto de la educación y la atención médica) y de acontecimientos imprevisibles, giros imprevistos o momentos de inflexión (como los escándalos políticos, las crisis económicas, las pandemias, los desastres y el inicio o fin de los conflictos armados).
Estos momentos de inflexión suelen alterar las relaciones de poder económico, político o social, y despiertan las ganas de nuevas ideas y abren la puerta a reformas antes inimaginables. Conocer las oportunidades o amenazas generadas por los momentos de inflexión, y reaccionar ante ellas, es una parte fundamental de lo que supone ser agente de cambio.
Hacer un pastel es un proceso claro y sencillo. Todo lo que se necesita es encontrar una receta, comprar los ingredientes, asegurarse de que el horno funciona, mezclar, hornear... y ya tienes un pastel. Algunos pasteles salen mejor que otros, pero el método básico es fijo, replicable y razonablemente fiable. Podría pensarse que los procesos de cambio son así, que se puede tomar una fórmula de probada eficacia (como las manifestaciones o las campañas en las redes sociales) que haya funcionado en una situación concreta y aplicarla en cualquier otra.
Sin embargo, hacer realidad el cambio en los sistemas complejos requiere de un enfoque flexible, colaborativo y adaptativo. El futuro está repleto de incertidumbre, lleno de “incógnitas conocidas”, como lo que sucede cuando un líder muere o es derrocado, y de “incógnitas desconocidas”, como las crisis financieras súbitas o los desastres naturales. Al igual que que lo que haya funcionado en una situación no va a funcionar en todas las situaciones, lo que haya ocurrido en el pasado no es un esquema del futuro.
Adaptarse sobre la marcha
Las y los agentes de cambio deben adaptarse a esta incognoscibilidad intrínseca del futuro siendo “reflexionistas” además de activistas, y aprovechar las oportunidades que tienen de aprender, escuchar, reflexionar y adaptar sus acciones. Analizar y planificar está bien, pero en el momento de implementar debes ser consciente de lo que cambia a tu alrededor y también de lo que averiguas sobre el sistema con el que te relacionas mientras actúas. ¿Cómo interactúas con el sistema e influyes en él? ¿Cómo afectarán los cambios en el sistema a tus planes? ¿Cómo puedes aprender y adaptarte?
La científica medioambiental y pensadora sobre sistemas Donella Meadows afirma: “Antes de perturbar en forma alguna el sistema, mira cómo se comporta. Aprende su historia. Pídele a quienes llevan mucho tiempo ahí que te cuenten qué ha pasado.[...] Aprende a bailar con el sistema”.
3.1 Introducción a la unidad 3: Adoptar un enfoque sistémico y de poder
