8.6 Juntar todo para hacer realidad el cambio

A lo largo de este curso hemos visto muchos puntos de vista y ejemplos de cambio procedentes de todo el mundo.
Ya sean campañas y movimientos de masas para presionar en favor de políticas fundamentales, como el Tratado sobre el Comercio de Armas o la libertad para casarse, o un trabajo comunitario concreto para cambiar las actitudes y comportamientos en torno a, por ejemplo, la violencia de género o la protección ambiental, hay algunos elementos de éxito y aprendizajes que se desprenden con claridad.
Hemos querido ir contándotelos a lo largo del curso, y ahora los resumimos de nuevo.
Piensa en tu experiencia
La transformación social empieza por la transformación personal. Lo personal también es político. El cambio debe empezar por ti mismo/a; encontrando tu “poder interior”, presente en todas y cada una de las personas. Merece la pena darnos un tiempo para pensar en nuestros propios motivos y fuentes de poder, y para aceptar que nuestra identidad y nuestras vivencias pueden orientar nuestras presuposiciones sobre el cambio que consideramos deseable (de quién, con quién, por parte de quién y cómo podría lograrse).
La autoconsciencia —la comprensión de nuestro propio poder y nuestros privilegios, y también de los sistemas de opresión y marginación que otros actores pueden sufrir de forma mucho más grave que en nuestro caso— nos ayuda a establecer relaciones más sinceras y de confianza con las personas con las que queremos trabajar para lograr el cambio.
Comprender lo que debe cambiar
Tener una visión firme de lo que quieres conseguir es fundamental, y sustenta tu motivación y avance (y de los demás actores). Tu manera de propiciar el cambio debe fundamentarse en un análisis sólido del contexto, de los factores involucrados y de tu espacio de influencia.
Para logar el cambio que deseas, ¿vas a centrarte en los espacios formales en los que se puede influir en las políticas y su implementación; o en los espacios informales, en las habilidades y opiniones de las personas; o en cambiar las normas, actitudes, creencias y prácticas sociales? ¿O vas a combinar estos elementos?
Analiza el poder y el sistema en el que trabajas
Llevar a cabo un análisis sólido de dónde radica el poder te dotará de información importante para identificar los resortes que permiten hacer realidad el cambio. ¿Dónde está el poder visible y patente, y dónde está el invisible u oculto? Piensa en la manera en que el poder se manifiesta en las personas particulares, entre personas y grupos, y también en la manera en que se expresa. Y piensa en lo que sucede cuando se cuestiona el poder. En un contexto determinado, ¿el poder está compartido (“poder con”) o lo ejerce una persona o grupo contra otros actores (“poder sobre”)? Incluso en situaciones de poder compartido, como entre actores aliados que tienen el mismo objetivo, puede haber dinámicas que, si no se es consciente de ellas, pueden menoscabar el éxito.
Asegúrate de pensar en características tales como el género, la raza, la edad, la clase, la orientación sexual y otras identidades que pueden conllevar que a algunas personas se las incluya y a otras se las excluya, o que a unas se les escuche y a otras se les ignore. ¿Cómo puedes aumentar tu poder y el poder y la voz de otros actores?
Trabaja con actores y entidades socias y aliadas
Lo más eficaz que puedes hacer como agente de cambio es trabajar con otros actores y emprender acciones colectivas. Hay poder en el hecho de trabajar conjuntamente, colaborar y asociarse para ampliar las esferas de influencia, llegar a más gente y dotar de fuerza y urgencia al llamamiento a la acción. Tu análisis del poder te permite identificar los posibles actores aliados, incluidos los que de otro modo quizá no tendrías en cuenta (aquellos con los que la interacción no sea evidente), ya sean organizaciones, grupos o personas particulares. También se pueden poner en común los conocimientos y recursos, y aprender recíprocamente sobre lo que funciona.
Reconoce tu esfera de influencia, y luego ponla a prueba y amplíala
Tener un buen conocimiento de lo que está en tu esfera de control puede ayudarte a reconocer las herramientas y recursos, la capacidad personal y el poder grupal con los que cuentas para influir en el cambio. Comprender tu esfera de influencia y saber por dónde puedes ampliarla y alentar el cambio es beneficioso. También es primordial ser consciente de las limitaciones, de dónde están las restricciones reales que se imponen a las personas o grupos que trabajan en favor del cambio social. Tomar conciencia de lo que suponen esos riesgos, para ti y para otros actores, mitigarlos y tomar decisiones deliberadas sobre ellos es fundamental.
Planifica tu estrategia y tus tácticas de influencia
La información que has recopilado es fundamental para orientar tu estrategia. ¿Con quién vas a trabajar? ¿En qué vas a trabajar ? ¿Cómo vas a enfocarlo? ¿Tratarás de persuadir a quienes ocupan puestos de poder mediante la diplomacia discreta y utilizando los canales formales y el proceso debido, o intentarás forzar el cambio desde afuera mediante un movimiento de masas y un llamamiento a la acción? ¿Dirigirás tu labor a cambiar la mentalidad de las personas proporcionando información y formación convincentes, o apelarás a su sentido de justicia?
Tu siguiente paso es elegir las tácticas, algo que depende del contexto, de los recursos económicos, humanos y de otra índole de que dispongas, y del publico al que tratas de llegar. Tienes a tu disposición una gran diversidad de tácticas y actividades, como las manifestaciones, las redes sociales, las canciones o el diálogo directo. Atrévete a probar y ver qué funciona.
Cuenta historias persuasivas
Cualesquiera que sean tus tácticas, te interesa motivar a las personas a actuar. ¿Apelarás a la razón de las personas, a sus emociones, a su deseo de actuar, o a todos estos aspectos? Dedica tiempo a elaborar una historia convincente para acercar la cuestión, y convertirla en algo personal y demasiado importante como para no tenerla en cuenta.
Presta atención a las oportunidades
No te limites a realizar los análisis de contexto y de poder una vez al principio del proceso. Debes revisar y verificar constantemente las presuposiciones que has utilizado a la luz de lo que funciona o no. Interésate por lo que sucede en la realidad, y adapta y ajusta continuamente tu plan en función de lo que surge y los cambios que se producen sobre la marcha. Además, presta atención a las consecuencias no planeadas de tus acciones, ante las que puedes tener que tomar medidas de mitigación o adaptación.
Cuídate y cuida a los demás actores
El cambio requiere tiempo y tus avances no siempre se percibirán con claridad. Aparecerán retos y cuestiones inesperadas sobre la marcha que pueden resultar desalentadores. Asegúrate de cuidarte Tómate periodos de descanso y dedica tiempo a establecer relación con otros actores en el proceso de cambio. Comenta tus anécdotas, tus preocupaciones y tus éxitos. La solidaridad reconforta, y eso te permite aumentar tu energía y resiliencia.
Eres una persona motivada para dar un paso al frente y hacer realidad el cambio, así que tienes madera de líder. Independientemente de la función que desempeñes, puedes liderar desde donde estás por medio de conversaciones, analizando cuestiones, uniéndote a movimientos y reforzando tus conocimientos y capacidades para hacer realidad el cambio.
Después de todo, el cambio nace de personas como tú —personas como nosotras— que mueven las cosas. No hay nada tan satisfactorio y gozoso como ver que funciona, y causar impacto en la vida de las personas y en el planeta.
8.5 ¿Cuál es tu consejo para las y los agentes de cambio?
